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Rodolfo Stavenhagen, ex relator especial de Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, quien visitó Guatemala dos veces, asegura que la mayoría de sus recomendaciones no fueron tomadas en cuenta por las autoridades, y que las causas profundas de la desigualdad siguen vigentes.
Usted dejó recomendaciones como relator para los pueblos indígenas, ¿qué grado de cumplimiento han tenido?
Las organizaciones indígenas han realizado una segunda evaluación (de cumplimiento) y dicen que todo sigue igual. Las grandes recomendaciones que hice hace ocho años no se han puesto en práctica; incluso en algunos casos la situación ha empeorado. Tenemos información del relator de Naciones Unidas sobre ejecuciones arbitrarias de que la violencia contra los indígenas sigue, y que la impunidad, si acaso, ha aumentado.
¿Qué factores son causantes de esta violencia continuada?
Lo que muchas veces causa esta violencia local es la impunidad y los viejos problemas no resueltos: los de la tierra, concesiones mineras y forestales, y obras de infraestructura. No se toman en cuenta ni siquiera las obligaciones que asumió el Estado guatemalteco al ratificar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, sobre la consulta previa.
Esta situación ha prevalecido con los gobiernos, ¿de quién es la responsabilidad?
Es una cuestión de Estado y de los grandes intereses privados. Se juntan varias cosas; no solo no se está cumpliendo con las recomendaciones. Hay violaciones estructurales, de la época colonial, institucionales, jurídicas y otras que dependen de la decisión de tal o cual funcionario. Hay problemas que son muy profundos y que siguen vigentes: el acceso a la tierra, a la justicia y falta de participación política.
Recomendó aumentar la presencia indígena en instituciones, pero de los 400 ministros que ha tenido el país solo cinco han sido indígenas.
Efectivamente, el acceso a instituciones sigue vedado para los indígenas.
¿Cuál es su impresión del racismo en el país?
Recién llegué me enteré del caso de una niña indígena que ha sido brutalizada durante años. No se puede decir que toda la sociedad tiene la culpa, pero hay casos. Uno quisiera ver que el aparato judicial y las autoridades toman cartas en el asunto.
A pesar de 30 años de guerra, de los acuerdos de paz y del interés de Naciones Unidas, en Guatemala todavía las propias autoridades y la sociedad civil nos dicen que no ha cambiado nada.
Precisamente en los acuerdos de paz se preveía el fortalecimiento de los derechos indígenas.
Esto ha sido una sociedad colonial, como otras, pero que no ha superado su colonialidad. Guatemala perdió oportunidades; la primera, cuando se comenzó conscientemente a no cumplir los acuerdos de paz. No solo son las recomendaciones del relator, son las propias recomendaciones que el Gobierno guatemalteco asumió hace 13 años en el Acuerdo sobre Derechos y Cultura Indígena, y que decidió no cumplir.
¿Y están los indígenas preparados para asumir el liderazgo?
Hay debilidad relativa de la parte indígena, está fragmentada, polarizada políticamente, haciendo cosas interesantes pero en muy pequeña escala, lo cual no se traduce en un movimiento político de peso que hubiera logrado la diferencia.
¿Cuál es, entonces, su impresión de la situación tras esta nueva visita?
Yo estoy muy deprimido, de veras, y eso que no he venido a hacer otra investigación. Me baso en otra información que me llega.
¿Qué pasos se deben dar con urgencia para mejorar la situación de los indígenas?
Lo urgente es el respeto y el reconocimiento de su dignidad como seres humanos y miembros de culturas que tienen el mismo derecho de sobrevivir que cualquier otra. También que son una parte integral de este país, del cual han estado permanentemente marginados y excluidos. Si se comienza a reconocer eso, todo lo demás podrá seguir.
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